Los sindicatos rompieron el pacto originario al abandonar el objetivo concertado de incrementar los salarios del 2021 en el 29%, y ahora todos aspiran a superar la inflación del IPC del Indec reabriendo las paritarias. Es un nuevo pacto ligado a las necesidades electorales del oficialismo, ya que en las encuestas, el salario los ingresos y la economía conforman la preocupación principal de la opinión pública, desplazando la corrupción, la inseguridad y la pandemia al segundo lugar o tercer lugar.
En rigor, el plan original trataba de retraer los ajustes para que no se convirtieran en un motor de la remarcación anticipada de precios. El modelo fracasó, como viene ocurriendo sistemáticamente.
Desde la década de los 60′ se ha establecido que cuando dos partes que negocian y cuentan con los mismas herramientas y con los mismos límites, los resultados tienden a un equilibrio originado en el hecho de que ambos contaban con de los mismos recursos disponibles. Esta es una de las aplicaciones del “Equilibrio de Nash”.
En la realidad cotidiana, el debate negociación y eventual conflicto entre las partes tienen un mismo objetivo, el nivel inflacionario medido oficialmente por el Indec. En consecuencia, los salarios siempre terminan logrando un equilibrio entre la pérdida del poder de compra y el porcentaje que deben corregirse para recuperarlo. Por lo tanto, en la Argentina no existen aumentos de salarios, solo existen ajustes por inflación para tratar se preservar el poder de compra perdido.
Ahora, los gremios tienen un argumento adicional, y es el de la proximidad del acto electoral, donde el oficialismo, para poder atravesar una elección decorosa tienen que extremar esfuerzos, y el aporte de los sindicatos peronistas sería el de presionar al sector empresario para que coloque más dinero en el bolsillo de los trabajadores.
Deberíamos recordar a los que creen que los mercados operan conforme a la voluntad de los gobernantes, que la única fórmula para aumentar los salarios reales no es ganándole la carrera a la inflación, sino fomentando la inversión y mejorando la productividad para que las empresas resulten más competitivas y logren rentabilidad.
Algunos observadores sostienen que la necesidad de recuperar confianza y votos es tan importante, que se estaría dispuesto a promover medidas que configuren una bomba de tiempo que estallaría después de las elecciones. Basa con observar el ritmo de devaluación del dólar, todos los meses inferior a la inflación, que en algún momento requerirá de una devaluación para volver a equilibrar los valores.
En cualquier caso, los salarios que se habían acordado en torno del 29% no eran sustentables con una inflación proyectada para el 2021 del 45/50%, y los sindicatos no podían sostener ante las bases que los aumentos de este año perdieran valor venal. Es por ello, que se presentaron rápidamente una serie de casos que rompieron el frente, y transformaron el 29% de aquel momento en un juego de dos pilares, a saber: el primero es que ahora el aumento es del 40 o 45% conforme evoluciona la inflación, y el segundo es que antes de fin de año o a comienzos del 2022 habría una cláusula de revisión, en lo posible después de las elecciones de medio término. Si bien no es una cláusula gatillo que hace automático el ajuste, está claro que es una cláusula de resguardo casualmente fijado para después de las elecciones, por si los coeficientes se vuelven a disparar.
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