Si bien surgieron en 2018, 2020 fue el año de gloria de las DeFi.
De hecho, desde su lanzamiento ese mismo año (y hasta el colapso de Terra, en mayo de 2022), el token de Yearn Finance [YFI], una popular plataforma de farming de rendimientos y DeFi, superó el precio de bitcoin ampliamente.
Las claves fueron, una vez más, las políticas de tasas durante la pandemia del Covid.
Mientras que los confinamientos globales literalmente detuvieron la producción, los Bancos Centrales emitieron billetes descontroladamente para poder estimular el consumo y, así, evitar una crisis económica mayor.
Para ello, debían asegurarse de mantener el dinero “en movimiento”, así que buscaron evitar que ese dinero se instalara en instrumentos de renta fija. Por esa razón, se bajaron las tasas de referencia (incluso a valores negativos, como lo hizo Alemania en su momento).
De esta manera, los bonos nacionales y los depósitos de plazo fijo ofrecían un interés real que estaba por debajo de la inflación.
Es decir: si invertías tus ahorros allí, perdías dinero.
Esto pasó con todos los instrumentos de renta fija del mundo… excepto con cripto y las stablecoins.
A través de DeFi, imposibles de regular debido a su naturaleza descentralizada y el libre acuerdo entre partes, los inversores podían ofrecer renta fija real por encima de la inflación.
Esta prestación exclusiva de cripto (y uno de sus fundamentos principales: la libertad del mercado y los inversores para realizar acuerdos libres que beneficien sus intereses y no los de terceras partes poderosas, como los bancos o los gobiernos) atrajo la atención de todos los participantes del mundo financiero.

