¿Qué representa este crecimiento en términos de valoración para las economías de la región?
En primer lugar, vale destacar el rol de las aceleradoras que impulsan el despegue de estos emprendimientos a cambio de participación en el negocio. Se trata de inversionistas — compañías, entidades u organismos — que aportan el capital que los fundadores de aquellos emprendimientos no pueden conseguir por sus propios medios. ¿Y por qué resulta atractivo tomar este tipo de riesgos por parte de dichos inversores? Sencillamente porque las startups tienen una vida operativa relativamente corta (aproximadamente de 2 años, según los especialistas), con activos tangibles reducidos, que resultan ser una gran opción para obtener una rentabilidad por encima del promedio y en el corto/mediano plazo, si la empresa resulta exitosa desde luego.
Según la Association for Private Capital Investment in Latin America (LAVCA), desde 2015 y hasta antes de la pandemia, las inversiones de capital de riesgo crecieron un 673% en América Latina, alcanzando los USD 4.6 mil millones en 2019, un récord histórico hasta ese momento, que colocó a la región en la cima de este tipo de acciones.
Hacia el 2022, según el Informe Startups Latam (el reporte más completo del ecosistema emprendedor hasta el momento), la región había recibido más de USD 20 mil millones en inversiones de capital de riesgo, un aumento del 35% respecto al 2021, y generó más de 30 nuevos unicornios, es decir, startups valoradas en más de USD 1.000 millones.
Ahora bien ¿qué números nos deja este 2023? Según el Informe Startups Latam de este año, el ecosistema emprendedor recibió más de USD 25 mil millones en inversiones de capital de riesgo, un aumento del 22% respecto al 2022, y generó más de 40 nuevos unicornios. Dicho lo anterior, ¿quedan dudas acerca del potencial del ecosistema emprendedor latinoamericano?
