El sistema financiero argentino cerró 2025 con un deterioro pronunciado en la calidad de su cartera minorista. El índice de irregularidad en los créditos a personas físicas pasó del 2,5% al 9,3% entre diciembre de 2024 y el mismo mes de 2025: más del triple en doce meses. El ratio sistémico general —incluyendo empresas— cerró en 5,5%, frente al 1,6% del año anterior.
El segmento corporativo mostró un comportamiento más contenido, con una mora del 2,5%, aunque también creció desde el 0,8% previo. El problema está concentrado en las personas: préstamos personales y prendarios explican la mayor parte del salto. Porque en Argentina las familias no se endeudan para adquirir electrodomésticos o concretar proyectos; se endeudan para comer, para llegar a fin de mes, y a tasas astronómicas que alcanzan el 120% anual.
El circuito no bancario, en rojo
El deterioro es asimétrico según el tipo de entidad. Dentro de la banca tradicional, los niveles de mora, aunque en ascenso, todavía se ubican por debajo de los picos históricos de crisis anteriores. El cuadro es más grave fuera del circuito formal: en entidades no bancarias —cooperativas, mutuales y financieras de consumo— la irregularidad trepó al 22,8%.
Las billeteras tampoco escaparon a la tendencia. Las deudas impagas con las principales fintechs de crédito alcanzaron el 29% del saldo total, un número que ya encendió alertas internas en los mayores actores del mercado.
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